jueves, 9 de agosto de 2012

Glamour en Marbella 2ª parte


Cuando llegamos a Málaga, un hombre alto y corpulento con el ralo cabello cano, nos estaba esperando para llevarnos en coche hasta Marbella. Paco, que así se llamaba el chófer, era un hombre afable y cariñoso, lo cual nos ayudó a calmar nuestro enfado por el asunto de la niña y nuestra preocupación por la apertura de poros en nuestros cutis, resultado del calor húmedo de la costa.

Casi una hora después conocimos a Cuca Sterling, que se ofreció a alojarnos en su mansión de Ojén.  Nos sorprendimos cuando conocimos a nuestra clienta, porque la habíamos estereotipado. A diferencia de lo que se suele ver por aquellos lares, Cuca es una mujer muy alta, con una larga melena lisa que en su día fue rubia natural recogida en una simple coleta, un cutis que no delataba su edad y que no había sido operado y un cuerpo tonificado. Sus ojos azules reflejaban su vitalidad y su sonrisa era sincera y seductora. En su día, debió ser toda una belleza y saltaba a la vista que cuidaba mucho su cuerpo para mantenerse en forma.

La casa era realmente impresionante, con una decoración algo anticuada para mi gusto. Supuse que Cuca, muy enérgica y simpática a pesar de su edad, había querido mantener la decoración de aquella casa en la que, seguramente, se celebraron fiestas de alto copete cuando Marbella era un lugar con glamour y no un nido de nuevos ricos presuntuosos.

Como profesionales que somos, iniciamos nuestro protocolo de investigación interrogando a Cuca lo más pronto posible, no sin antes darnos un buen baño en la piscina, tomar el sol y disfrutar de un almuerzo típicamente malagueño a base de espetos y fritura variada.

Relajadas en el porche trasero de la mansión, mientras tomábamos un té, Tassy fue quien inició el interrogatorio.

- Y bien, Cuca,  necesitamos que nos dé todos los datos posibles . ¿Cuándo desapareció el collar de zafiros?

-  Antes de comenzar a conocernos mejor, me gustaría que me tutearais porque no quiero que me hablen de usted. Mi verdadero nombre es Ulrika, soy sueca- aclaró antes de comenzar a contarnos lo que había sucedido.- Lo que ocurre es que cuando vine a mi España en la década de los setenta, mi nombre sonaba bastante ridículo, por lo que mi esposo, que falleció hace ya varios años, decidió apodarme Cuca.

¡Claro, cómo no había caído antes! ¡Sueca tenía que ser!  Yo no sé que tienen las suecas pero todas se mantienen perfectas a pesar de los años. Debe ser por el frío que hace allí o quizá por la aurora boreal.

- Hace diez días invité a unas amigas a casa para decidir cómo sería nuestra próxima acción benéfica- continuó Cuca-. Acordamos por unanimidad deshacernos de algunas joyas que ya no utilizamos para donar el dinero a diversas fundaciones y ONG's. Algunas operan en países del tercer mundo y las fundaciones con las que colaboramos ayudan a gente de aquí, a españoles. Es que con la crisis que estamos atravesando, muchas familias españolas lo pasan mal ¿sabes? A veces hacemos grandes obras benéficas y nos jactamos por ello, cuando los que están más cerca de nosotros son los que verdaderamente necesitan nuestra ayuda.

Tassy y yo aplaudimos emocionadas. Aquella mujer era fascinante. Culta, sencilla, campechana y consciente de la realidad, Cuca poseía una envidiable mundología y no presumía de nada porque no lo necesitaba. Sus virtudes eran claramente visibles, sin excesos. Era la personificación de la verdadera elegancia.

- ¿Y el collar iba a ser una de las piezas que querías vender?- Prosiguió mi hermana.

- No, no. Ese collar era de mi abuela y tiene un gran valor sentimental para mí. Guarda, además, una historia  muy fascinante pero no os quiero aburrir.

- No nos aburres, por favor cuéntanos la historia del collar- Insistí-.

- Pues veréis: A principios de siglo, antes de la Gran Guerra  mi abuela materna, que era francesa, emigró desde su pequeño pueblo a París y se convirtió en una de las actrices más admiradas. Recibía constantemente regalos de sus admiradores, entre los que se encontraban príncipes, reyes y...

- Petraaaaaaaaaaaaaaa, Tazzyyyyyyyyyyyyyyy, Cucaaaaaaaaaaaaa,  mirad como me tiro a la pizcina de bombaaaaaaaaaaaa.

La interrupción de la niña, que apenas había salido de la piscina durante toda la mañana, provocó un ataque de tos a Tassy que, justo en ese momento, mientras escuchaba fascinada la historia, bebía un sorbo de té verde con limón.

Di palmaditas en la espalda a mi hermana al tiempo que me excusaba por la impertinencia de nuestra sobrina.

- Oh, no te preocupes- respondió Cuca con una amplia sonrisa.- Esta casa necesita la alegría que aporta vuestra sobrina. Siempre me han encantado los niños pero no he podido tener hijos. ¡Y vuestra sobrina es un encanto! Hace un rato me ha pedido que sea su abuela adoptiva porque su abuela materna siempre está meditando jajaja  ¡Qué cosas tienen los niños!

- Es cierto lo que dice. Nuestra madre es demasiado espiritual, siempre está pensando en limpiarse el aura,  asear sus chakras, meditar, conocer sus registros akásicos y acumular un buen karma.

- ¿Ah sí? Bueno, ser espiritual no tiene nada de malo. Por cierto Petra, creo que ya puedes dejar de dar palmaditas en la espalda a tu hermana porque hace un rato que ha dejado de toser y percibo hostilidad en su gesto. Además, las palmaditas deben ser suaves... Más bien parecía que la estabas azotando.

- Uy, es verdad.

Me retiré de mi hermana y procuré evitar todo contacto visual con ella, para no enfurecerla más, porque cuando meto la pata no puedo evitar reírme y eso aumenta su furia. Si no hubiéramos estado con Cuca, tendría que haber recurrido a las canciones de Serrat para amansarla y evitar sus insultos multilingües o algún codazo en las costillas.

- Entonces crees que Genevieve te robó el collar aprovechando la reunión ¿no es así?- Inquirió Tassy, mientras se frotaba la espalda.

- Eso es. No la habría invitado a venir de no ser porque forma parte del grupo benéfico. Es una mujer muy falsa y egoísta. Aún no me puedo creer que en su día fuésemos amigas.

- Quizá la que necesite dinero sea ella...

- No, no. El dinero no es ningún problema ya que su octavo marido posee una inmensa fortuna, al igual que los siete anteriores.

- ¿Entonces, cuál crees que fue el motivo por el que te robó el collar? ¿Quizás por su diseño? ¿Por la historia que guarda? ¿Por la calidad de los zafiros? ¿Porque siempre te ha tenido envidia y ha querido vengarse de ti robándote algo que aprecias? ¿Porque es una cleptómana repulsiva?

- ¡Hay que ver lo rápida que eres haciendo preguntas! Si fueras diputada, más de un político se daría de baja por depresión... No. No creo que hay sido por ninguna de esas razones.  Más bien creo que es por la leyenda del collar.

- ¿La leyenda del collar?- Repitió Tassy enarcando las cejas.

- Sí. Como os contaba, mi abuela enamoró a muchos hombres y este collar fue la primera joya que mi abuela se compró cuando comenzó a ganar dinero. La adquirió en una joyería de París que ya no existe. Se dice que el joyero que se la vendió era un artesano que elaboraba con mucho mimo cada pieza, aportando un halo mágico a las joyas. Se negaba a vender lo que querían sus clientes y era él quien decidía qué joya era idónea para cada persona porque podía ver el alma de la gente, de modo que a las personas mezquinas y presuntuosas les elaboraba joyas llamativas y se las vendía a precios muy caros. Sin embargo, con todo aquel cuya alma era pura, se volcaba. Elaboraba con mimo cada detalle de la joya, puliendo las gemas, cuidando los engarces y añadiendo la magia que la persona necesitara o mereciera. El collar de zafiros posee el elixir del éxito y de la seducción. Mi abuela era fea, bastante fea, pero tenía talento y era muy buena persona. Consiguió hacer realidad su sueño de convertirse en actriz y consiguió también que sus admiradores percibieran la belleza y la sensualidad de su alma. ¡Y se la vendió a un precio increíble!

- ¡Qué historia más bonita!- exclamé hipando.- Desde que resolvimos cierto caso muy importante no había escuchado una historia tan bella.

- Puedes hablar con confianza- Cuca me ofreció un pañuelo de papel a mí y tres a mi hermana- Sé que resolvisteis el caso del Diamante Rojiblanco, por eso he confiado en vosotras.

- ¿Y cómo lo sabes?- preguntó Tassy mientras se sonaba la nariz.- Firmamos un contrato de confidencialidad.

- Ay, querida. ¡Esto es Marbella! Tuvimos como alcalde al presidente de vuestro club, Aquí somos todos del Atleti y alguien me comentó una vez el asunto del diamante.

Nuevamente, Natasha nos interrumpió. La pobre niña decidió que ya había disfrutado lo suficiente de la piscina y corrió hasta el porche aterida de frío, con la piel de gallina, los labios morados y los ojos rojos por el cloro. Tassy la envolvió en una toalla y la sentó sobre sus rodillas, abrazándola para darle calor. La imagen era tan tierna (y tan extraña de ver, todo hay que decirlo), que me emocioné y sentí compasión por la niña, que parecía un boquerón, tan diminuta, delgada y empapada. Tal vez sea muy traviesa y molesta, pero es un ser indefenso, una criatura inocente y cariñosa. Me cuestioné mi papel como tía y me di cuenta de que ni Tassy ni Sergei ni Alexia ni yo nos comportábamos como tíos de verdad. El más maduro de todos nosotros, curiosamente, es Mijail. Y entendí que no nos comportábamos como tíos de verdad porque el milagro de la vida nos fascina pero también nos asusta. Sergei es un gran ginecólogo y obstreta, pero su trabajo termina cuando saca al niño del vientre de la madre. Lo más difícil, lo más aterrador y al mismo tiempo lo más emocionante viene después, cuando esa cosa fea y arrugada que no deja de llorar va creciendo y descubriendo el mundo, necesitando protección y adquiriendo una personalidad propia, en la que influyen mucho los seres que la rodean.

Contenta por mis reflexiones y sintiéndome más madura y aliviada, besuqueé a la niña para demostrarle mi amor incondicional. Tassy pareció leer mi pensamiento y también besuqueó a Natasha, abrazándola con fuerza.. Como suele ser habitual, cada vez que lo intentamos, nuestra emoción de tías no duró mucho...

- Ayyy dejadme en paz, babozaz, me habéiz dado bezoz ventoza y ze me han taponado loz oídoz. Tazzy zuéltame que me tienez aprizionada.

- ¡Natasha, vete ahora mismo a dormir la siesta!- Ordenó mi hermana con una sonrisa forzada,  mientras liberaba a la niña.- Cuca te ha preparado una habitación para ti sola. Anda, bonita, lárgate...

- ¡La niña tiene carácter!- Exclamó Cuca soltando una carcajada.

- Es una Petrosky- Respondió Tassy lanzando un sonoro suspiro de resignación.


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Tras una breve siesta comenzamos nuestra investigación. Cuca nos había dado todo tipo de información sobre Genevieve, que no vivía muy lejos de ella. Puesto que no contábamos con el tiempo suficiente como para ganarnos su confianza, la única manera de recuperar el collar era entrar en su casa, algo bastante difícil teniendo en cuenta que tenía todo un ejército de gente a su servicio: Cocinera, dos chicas que se encargaban de la limpieza, una criada, jardinero, chófer y hasta un masajista argentino muy cachas que llevaba la cabeza rapada y lucía un enorme tatuaje en el bíceps derecho. Desde el discreto Maserati que nos prestaron los dueños del concesionario C.D Salamanca, amigos de Cuca, vigilamos la casa como dos buenas detectives.

- En este asunto hay algo que no me cuadra.- espetó Tassy mientras sorbía con la pajita un frapuccino-. ¿Por qué una mujer que se ha casado ocho veces con hombres adinerados querría ese collar? Ya ha seducido y tiene éxito. Fíjate en el casoplón que tiene.

-  Pero quizá no ha seducido a quien ella quiere ni tiene el éxito que desea porque el éxito no se basa sólo en lo material. Para cada uno de nosotros, el éxito es distinto. Por ejemplo, para ti y para mí, el éxito consiste en resolver grandes casos, en contar con una familia un poco rarita pero muy unida que siempre nos apoya y en tener esos novios fantásticos que tenemos, con sus virtudes y defectos. Puede que se haya casado sin estar enamorada y que se sienta muy sola.

- Tienes toda la razón, reina. ¿Pero quién eres tú y qué has hecho con mi hermana? Desde que Jorge y tú sois pareja estable y oficial, has cambiado mucho. Eres mucho más reflexiva, sin dejar por ello de ser un poco fantasiosa y despistada, eres más sensata... Hasta lees libros de Paulo Coelho ¡Y te ha empezado a gustar la decoración!

- ¡No digas tonterías! Siempre he sido así y lo sabes.... Vale, un poco alocada sí que he sido. Supongo que he madurado. La vejez, Tassy, la vejez, que ya tengo veintisiete años.Y tu cumplirás treinta el año que viene...

- Bueno, cambiemos de tema. Demuestra tu talento para elaborar planes y piensa en uno para que podamos entrar en la casa.

- Uf, lo tenemos muy complicado. Además, creo que cometer un delito para descubrir otro delito puede traernos complicaciones y ensombrecerá el éxito de nuestro trabajo. Lo que debemos hacer es conseguir que esa señora, por la razón que sea, confiese que tiene el collar o que lo lleve puesto. Y cuanta más gente haya alrededor mejor, porque así además de ser atrapada sufrirá una vergüenza terrible, la muy sinvergüenza.

- Sigo insistiendo en que tú no eres mi hermana... En fin, todo lo que dices tiene sentido pero, ¿cómo conseguimos que confiese o que se lo ponga?

- Suponiendo que haya robado el collar por su leyenda, que es la razón más plausible, lo tendrá que lucir ante alguien a quien quiera seducir o para lograr el éxito en algo, ¿no?

- Sí, pero pueden pasar días, semanas o meses. No conocemos sus planes. Creo que debemos tener más información sobre ella, así tendremos más pistas. Roberto aún no se ha ido de vacaciones, le llamaré para que nos proporcione la información que necesitamos.

Mientras nuestro secretario hacía su trabajo, nosotras acompañamos a la niña al centro comercial en el que había reservado todo lo que le había dado la gana con nuestras tarjetas de crédito. Lo que más nos avergonzaba no era simplemente que Natasha nos hubiera sisado las tarjetas sino que, al parecer, conocía el PIN y la clave de operaciones de cada una de ellas.

Aprovechando que estábamos allí, Tassy y yo hicimos unas comprillas, cenamos con Cuca en "La Pesquera"  y después nos fuimos a dormir, como buenas chicas.

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El móvil de Tassy nos despertó a las ocho y media de la mañana. Pensé que sería Roberto y que recibiríamos la información que necesitábamos pero quien llamó fue Sergei, que aún no se había adaptado al cambio horario de Canadá.

Como suele ser habitual cuando uno está lejos del otro, mi hermana materna y mi hermano paterno discutieron durante un buen rato. Yo no entiendo por qué no discuten en persona, es algo que aún no me explico. Siempre discuten por teléfono y se reconcilian cuando se ven. ¿No sería más normal que hicieran lo contrario, como el 99,9 % de las parejas?

Al estar Tassy ocupada recriminándole a Sergei que no se había acordado de tener un detalle con ella por el aniversario de su primer "Chiki Chiki", Roberto llamó a mi teléfono y me proporcionó una información de lo más curiosa....







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