sábado, 14 de enero de 2017

El secreto de Tassy


Tassy se quitó los zapatos para no hacer ruido, nada más entrar en su casa. Colgó su abrigo, dejó las maletas en una esquina del recibidor y subió despacio hacia las habitaciones de los niños para darles un beso.

Finalmente fue a su habitación conyugal y encontró una escena enternecedora.

La pequeña Ylenia dormía plácidamente, mascando su chupete, sobre el torso de Sergei, que rodeaba a la niña con sus brazos.

Tassy sintió un nudo en la garganta y se quedó paralizada, observando la escena durante unos minutos. Le costaba tragar, comenzó a respirar cada vez más deprisa y sintió la necesidad de huir.

En otras circunstancias, se habría metido en la cama con su marido y su hija, les habría colmado de besos y, seguramente, Sergei se despertaría, la abrazaría y los tres se fundirían en uno, como una familia feliz. Pero Tassy se percató de que no podría soportarlo, incluso sintió náuseas y huyó rápidamente.

Bajó las escaleras, abrió la puerta de la casa y se expuso al frío de la noche, pues hasta le costaba respirar.

Mientras estaba en el avión se obligó a si misma a no pensar. Pero cuando se durmió, acudieron a su mente los recuerdos de los últimos tres días, en los que apenas había pisado las calles de Nueva York. Tan sólo salió para almorzar y para cenar. O, mejor dicho, salieron...

Tres días en los que, de nuevo, se había sentido como una adolescente enamorada.

En su sueño, volvió a sentir el peso del musculoso tórax de "Él" sobre su pecho, mientras la procuraba el placer más intenso que jamás había disfrutado. El sueño era tan real que podía sentir las caricias. Con sus grandes y suaves manos, "Él" parecía un escultor modelando el cuerpo de una diosa. Después recorría cada centímetro con su boca. A veces besándolo suavemente; otras veces queriendo devorarlo o bien saboreándolo con ansia.

Y también volvió a sentir el calor de su lengua, ahogándola con pasión mientras la penetraba suave, pero firmemente.

Cuando despertó, se descubrió a si misma con la espalda arqueada y los muslos separados, esperando recibirle en su interior.

Afortunadamente, todos dormían y nadie se percató de aquel sueño erótico... y real.

Cuando el avión aterrizó en Madrid, Tassy volvió a ser la Tassy de siempre. Y aunque el frío de la noche consiguió calmar su ansiedad, la tierna escena que había presenciado, despertó sus remordimientos. Remordimientos del presente... y de un pasado no muy lejano.

Necesitaba contárselo a alguien. Pero no sabía a quién. Petra, que "en otras circunstancias" habría sido su mejor confidente, no podía enterarse. ¡Jamás! De hecho, Tassy no confiaba en nadie cercano, ni siquiera en sus amigas, quienes siempre la habían envidiado.

En julio, Tassy y "Él" iniciaron su romance y decidieron encontrarse lejos de España, eligiendo la Gran Manzana. Aprovechando que había lanzado su propio negocio de moda, sin incluir a su hermana, viajaba a Nueva York cada dos o tres meses con la excusa de conocer las nuevas tendencias.
Y allí se encontraba con "Él".

Lo máximo que habían estado juntos fue una semana (La Semana de la Moda de Nueva York). Y a ambos les supo a poco.

Como una autómata, Tassy entró en su casa, se cubrió con una manta ligera que había en el sofá del salón y marcó el número del tarot de Gabriela, solicitando una hora en la centralita.

Para su sorpresa, Tania no se mostró sarcástica cuando Tassy le contó todo lo que había que contar, incluyendo detalles.

- ¿Qué debo hacer, Tania? Esto me quema por dentro y no sé si es deseo o amor... Lo único que sé es que me siento una guarrilla y cuando he visto a mi hija durmiendo con su padre, no he podido soportarlo. Me siento bien cuando pienso en mi relación con "Él" y mal, cuando veo a Sergei. Y la escena padre e hija ha sido el colmo... No sé si me entiendes.

- A ver, tranquilízate. Es completamente normal que te sientas bien cuando piensas en ese hombre. Cualquier mujer se sentiría como una diosa, sobre todo teniendo en cuenta todos los detalles que me has narrado que, por cierto, podrías haberte ahorrado algunos, porque he tenido que poner el ventilador.

- Lo siento...

- Tranquila. Me daré después de una ducha fría. Mira, Tassy, aquí en las cartas veo que él y tú tendréis un futuro juntos, con más descendencia incluida. De hecho, él es tu alma gemela y habéis sido amantes o esposos en vidas pasadas. ¿Oye?... ¿Sigues ahí?...

- Sí, sí. Creo que necesito un vodka. Me has dejado helada. Sobre todo con lo de las vidas pasadas y la descendencia...

- Yo te digo lo que veo. Y si eres una coneja, pues qué le vamos a hacer... Pero vamos, cualquier mujer estaría dispuesta a tener hijos con este hombre. ¡Qué guarrrra!

Tania consiguió hacer reír a Tassy, algo que ésta agradeció.

- Pero es que siempre, siempre he estado enamorada de Sergei. Y siempre he pensado que nos adaptaríamos juntos a los cambios y que seguiríamos manteniendo la pasión.

-  Tú misma lo has dicho. Siempre "has pensado que". Aquí veo que comenzasteis vuestro idilio en verano.

- Jo, Tania, qué buena eres. No te he dicho exactamente cuándo me lié con Él y has acertado con lo del verano.

- No me lo has dicho porque te has centrado mucho en los detalles, reina. Mira que me leo novelas eróticas, pero lo vuestro supera con creces todo lo que he leído en mi vida. Y he leído mucho, ¿eh?

- Ay, Tania, con él me siento otra. Más desinhibida. Más libre. No soy la Tassy que todo el mundo espera. Soy yo. Y es que "Él" lo tiene todo.

- A él le ocurre lo mismo. Se siente más libre lejos de su entorno habitual y de su esposa, con la que apenas tiene relaciones. También veo que el hecho de que te hayas desvinculado de Petra y Alexia, pues cada una tiene sus familias o su carrera, en el caso de Alexia, ha sido el  que le impulsó a seducirte. Porque, por lo que veo, él fue quien te llamó, con alguna excusa, para veros en Nueva York.

- ¡Pero qué buena eres! Me llamó en julio y me dijo que conocía a unos empresarios norteamericanos que podrían ayudarme en mi negocio... y allí nos encontramos, hablamos... y lo demás ya lo sabes.

A Tassy le brillaban los ojos cuando Tania le hablaba de "Él". Sentía una emoción inexplicable cuando la vidente incidía en su futuro junto a él. La misma emoción que sentiría cualquier mujer si le dijesen que va a tener un futuro en común, lleno de buen sexo y felicidad con Hugh Jackman.

- Tania, no me estás mintiendo, ¿no?

- Yo nunca miento. Además, has comprobado cómo he acertado con vuestro amor. Porque esa es la primera pregunta que me has hecho. Que no sabías si era deseo o amor. Es amor. Y va a ir a más. Ahora tienes miedo porque crees que eso de veros furtivamente y tener maratones de sexo es como un juego y que no funcionaría en modo "estable", por llamarlo de alguna manera. Pero veo que habéis hablado mucho, de temas muy variados, porque fuera de vuestro entorno, ambos sois muy cultos, tenéis una vida interior muy rica, sois curiosos por naturaleza y os gusta charlar. Desde temas más frívolos hasta temas más profundos. También veo que os habéis intercambiado confidencias... Y que le has dicho algo que jamás has dicho a tu marido y él te ha dicho algo que jamás ha dicho a su mujer. De hecho, hasta veo que ambos lo habéis reconocido, es decir, que os habréis confesado mutuamente algo del tipo "Esto jamás se lo he dicho a..." pero no puedo reprimirme" ¿Me equivoco?

La llamada se cortó y, tras abrir una botella champagne MUM y una caja de bombones, Tassy volvió a marcar el número y a pedir otra hora con Tania. Los dedos le temblaban al pulsar las teclas.

- Sí, ¿buenas noches?

- Soy yo otra vez, Tania. Es-es-estás acertando tantas cosas que me has dejado impresionada. Incluso me da miedo lo que me digas, pero necesito hablar. Por una parte, me siento feliz. Por otra, pensando en cómo evolucionarán las cosas, he de reconocer que estoy....

- Acojonada.

- ¡Esa es la palabra exacta!

- Te noto nerviosa. ¿Quieres que te hable de una vida pasada, para que te calmes?

- Sí, por favor.

- Pues veo claramente que tú fuiste una princesa a la que obligaron a casarse con un rey mucho más mayor que tú. Eras una desgraciadilla hasta que conociste a un caballero de la corte. Alto, atractivo, de cuerpo hercúleo, valiente como guerrero y líder, aunque muy modesto y admirado por la plebe. Inevitablemente os enamorasteis. Él era muy leal al rey, pero aun así no pudo evitar enamorarse locamente de ti. Y mantuvisteis vuestro amor en secreto, siendo él el padre de cinco de tus siete hijos. El primogénito fue el rey, porque con tu esposo tuviste dos hijas...

- ¡No me cuentes más que en la antigüedad todo acababa mal! Se ve que mi destino es ser madre. Bueno, entonces, ¿qué va a ocurrir con nosotros?

- Que encontraréis la manera de estar juntos y trasladar esos días en Nueva York al día a día. Mira Tassy, tienes que tomar las riendas de tu vida y dejar de ser tan jodidamente perfeccionista y autoexigente. Es normal que ya te aburra Sergei y que a él le aburras tú, porque siempre tenéis a la familia colgando y eso os ha pasado factura, más aún tras ser padres. Pero no te sientas guarrilla, porque toda mujer merece experimentar el placer, jugar, amar, ser amada y deseada. Por cierto, cuéntame más detalles, por favor, que así escribo mi primera novela erótica.

Tassy se desinhibió por completo narrándole a una extraña sus relaciones con el hombre que, literalmente, "le había proporcionado el orgasmo más intenso jamás sentido".

Tassy era una nueva Tassy. Más libre, abierta, menos encerrada en el cascarón de lo correcto y lo incorrecto. Del "qué dirán" y de mantener la apariencia que todos esperan de ella. De sorprenderse a si misma.

Durmió en el sofá y el beso de Sergei la despertó a las 9 de la mañana.

- ¿Pero por qué has dormido en el sofá?

- Es que... es que... te vi con Ylenia y yo... Sergei, ¿podemos ir a la despensa para que ningún niño, Andrei o Natasha nos oigan?

- No. Están todos desayunando en la cocina- respondió Sergei fríamente.

 - De acuerdo, salgamos fuera. Tengo que decirte algo...

Tassy y Sergei caminaron hasta una zona soleada del jardín, donde no hacía tanto frío. Sin mediar palabra, Tassy abrazó a su marido y comenzó a llorar.

- ¿Pero qué te pasa? Venga, nena, cálmate...

- Sergei. Yo... yo... ¡Te he sido infiel! He estado en Nueva York con otro hombre con el que mantengo una aventura, con un sexo increíble. Un hombre con el que puedo hablar de todo, que me hace sentirme yo misma, sin las imposiciones Petrosky y sin la obligada rectitud que me caracteriza.

Sergei se quedó en silencio, con los ojos muy abiertos y las cejas enarcadas.

- ¡¿CÓMOOO?! ¿ME HAS SIDO INFIEL?

- Sí. Y quiero tener un futuro junto a él. Quiero sentirme así día tras día. Porque.... Ay Sergei, míranos, siempre trabajando u ocupándonos de los niños. ¡Pero si hasta tenemos que enviarnos whatsapps para vernos! Yo quiero a mi lado a ese hombre, ¿me entiendes?

- Perfectamente.

- ¿Ah sí?

- Sí. Yo también te estoy siendo infiel, Tassy. Y también viajo para verme con una rubia, encontrándome con ella en Nueva York y cogiendo distintos vuelos...para jugar a ser amantes. Quiero a esa mujer en mi día a día. Y si tengo que trabajar menos, lo haré. Y supongo que ella también. Porque antes de estos enanos, éramos ella y yo. Y algún día, los enanos se marcharán de casa y seguiremos manteniendo la pasión. No me importa si tenemos que vivir en un piso nuevamente o si hay que compartir baño. Quiero a esa rubia desinhibida que llama a una tarotista a las 2 de la mañana y le narra sus encuentros sexuales. Quiero a esa rubia de Nueva York. No quiero a la rubia siempre perfecta hermana, madre y esposa por la gracia de la Iglesia Católica. Y yo, envidio a tu amante, con el que charlas de todo. Seguramente no trabaja tanto como yo y tiene más temas de conversación, además del trabajo o de sus hijos. ¿Verdad?

- Verdad. Pero cuando te vi con la niña, me sentí una guarrilla.

- Es que, nena, eres una guarrilla, en el buen sentido. Que seas madre no quiere decir que no puedas deshacerte de prejuicios. ¡Deshacernos, mejor dicho! Piénsalo. Cuando vivíamos en la casa Petrosky, las paredes escuchaban. Ahora, los niños se pueden despertar... Te perdono tu infidelidad.

- ¿En serio?

- Sí. Es más, estemos donde estemos, ya sea en esta casa o en una chabola, en la riqueza o en la pobreza...

Sergei se arrodilló en el césped y tomó la mano de su esposa.

- Anastasia Irinovich Aranda. Me harías el hombre más feliz del mundo si aceptaras casarte de nuevo conmigo. Pero esta vez los dos solos, en cualquier lugar del mundo. Sin Petroskys ni niños, ni amigos, ni curas ni una boda organizada con invitados y mesas y estrés. Tú y yo. Ya sea por el rito balinés o por el rito maya. Nos puede casar un rabino o un pope ortodoxo, un sacerdote maya o un capitán de barco. Pero estaremos tú y yo... Y, aunque no tengo anillo de pedida, tengo esto...

Sergei sacó de su bolsillo una pequeña foto enmarcada. En ella se podía ver la corteza de un árbol, en el que un día, un joven marcó con una navaja "Sergei y Tassy, Tassy y Sergei".

- ¡Es nuestro árbol! En la finca del abuelo Santiago. El árbol bajo el que me diste el primer beso...

- Y como ves, sigue ahí, todavía más alto y robusto. Como nuestro amor.

Tassy se quedó callada durante unos segundos.

- Claro que sí. SÍIIIIIIII. Me casaría contigo mil veces. Pero antes de que me des un beso he de decirte algo...

- ¿Qué?

- Hazme el amor, Sergei. Ahora. En el garaje o dentro de algún coche. Te deseo ya.

- Sus deseos son órdenes para mí, princesa. ¡No sabes lo que te espera en nuestra luna de miel!


FIN




















 Eso, querida, es amor.











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